Nuevo Programa para Ganar Dinero Rapidamente

Click  Aqui

InfoUniversal.net
Presenta
Todo lo que quieras saber
(Click en el tema que te interesa)

 

Amor

 
Búsqueda personalizada
  amor amor amor

Sobre el verdadero amor


Esta parábola del Señor nos pone bien en la realidad de lo que suele ser el comportamiento humano. ¿Quién no desea actuar correctamente? A la hora de la verdad, sin embargo, no pocas veces las obras no se corresponden con nuestros bienintencionados proyectos. Aquel primer movimiento del corazón, y posiblemente también de la lengua en personas muy efusivas, no era del todo determinante de la conducta.

"Obras son amores y no buenas razones", reza un refrán castellano. Porque son los actos de cada uno lo único que puede contribuir al bien de otro y, por tanto, la manifestación de amor. Hasta que no hay una entrega efectiva, que de algún modo beneficia al ser amado, no hay propiamente amor. Puede haber, ciertamente, proyecto de amar. Pero ese proyecto no pasa de ser un deseo ineficaz, mientras no contribuya al bien de quien se ama.

El apóstol Santiago, en una carta dirigida a los fieles de la primera cristiandad, ejemplifica con gran sentido cual debe ser la actitud de un buen cristiano: Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento cotidiano, y alguno de vosotros les dice: «Id en paz, calentaos y saciaos», pero no le dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? En ocasiones, es indudable que un comentario oportuno, un consejo, unas palabras de consuelo, una corrección con caridad si es necesario, pueden ser ya otros tantos modos de ayudar eficazmente al prójimo. Pero, casi siempre, es cierto el refrán, antes aludido, de que lo que ayuda y manifiesta verdadero amor es la conducta, más que las palabras.

San Pablo nos pone ante los ojos el ejemplo de Jesucristo: En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. Por eso también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. Si alguno posee bienes de este mundo y, viendo que su hermano padece necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor a Dios? Hijos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con obras y de verdad.


Todos tenemos en la memoria la imagen que algunos tipos que se caracterizan por querer de verdad, intensamente –aunque no sea con rectitud– y lo demuestran, porque logran a como dé lugar sus objetivos. En Camino se nos anima a querer como ellos: que no se diga que, por el mal, otros ponen más empeño que nosotros por Dios: Me dices que sí, que quieres. —Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer?
—¿No? —Entonces no quieres.

Cuando se quiere, cuando se ama de verdad, la miradada del corazón no se aparta de quien se ama. Y por la fe reconocemos que en todo momento Dios acoge cada uno de nuestros actos. Pues con esta visión –desde luego sobrenatural– procura comportarse el buen cristiano. Moverse casi únicamente por la utilidad, por el gusto, por el éxito, por un valor consideradas las cosas de "tejas abajo", nos lleva, antes o después, a desistir del empeño inicial, por decidido que pareciera: cada uno decidimos inevitablemente la medida de nuestro esfuerzo, suficiente para un interés pequeño. Ya no es Dios quien nos impulsa en cada instante, siempre hasta la perfección: sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto, recomienda Nuestro Señor.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL VERDADERO AMOR       

Un sabio maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que se declaraban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando éste se apaga en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio.

El maestro les escuchó con atención y después les relató un testimonio personal:

- Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno cuando sufrió un infarto y cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, condujo hasta el hospital mientras su corazón se despedazaba en profunda agonía. Cuando llegó, por desgracia, ella ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa  noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas. Él pidió a mi    hermano teólogo que dijera algunas reflexión sobre la muerte y la eternidad. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte. Mi padre escuchaba con gran atención. De pronto pidió "llévenme al cementerio".

"Papá" respondimos "¡Son las 11 de la noche! No podemos ir al cementerio ahora!" Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: "No discutan  conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su  esposa por 55 años". Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador y, con una linterna llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos: "Fueron 55 buenos años...¿saben?, Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa y se limpió la cara. "Ella y yo estuvimos juntos en todo. Alegrías y penas. Cuando nacieron ustedes, cuando me echaron de mi trabajo, cuando ustedes enfermaban", continuó  "Siempre estuvimos juntos. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de muchos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos y perdonamos nuestras faltas... hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿saben por que?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera..."

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló:

- "Todo está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día". Esa noche entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo y no tiene que ver con el erotismo. Más bien es una comunión de corazones que es posible porque somos imagen de Dios. Es una alianza que va mucho mas allá de los sentidos y es capaz de sufrir y negarse cualquier cosa por el otro."

Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle. Ese tipo de amor les superaba en grande. Pero, aunque no tuviesen la valentía de aceptarlo de inmediato, podían presentir que estaban ante el amor verdadero. El maestro les había dado la lección mas importante de sus vidas.

Autor desconocido. Adaptado por el Padre Jordi Rivero.
Agradecemos este aporte a Ligia López Cerdas

Efesios 3:17-21
que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios. A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.

Efesios 5:25
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella.

 

 

InfoUniversal.net

 
Hay mucha gente que, aún encontrándose perdida y sin rumbo, rechaza la palabra de Dios, por encontrarla pasada de moda y anticuada. El mundo ha evolucionado de manera asombrosa en las últimas cuatro décadas: aparición de Internet y nuevas tecnologías, caída del muro de Berlín, avances médicos, economía global... esto ha creado desajustes y nuevas circunstancias a las que se tiene que adaptar el ser humano. En este concepto, las respuestas que siguen dando los políticos, filósofos o pensadores, no contemplan a Dios. La sociedad se ha olvidado de su Creador, jugando a sustituirlo por los científicos y dirigentes. Se ha perdido el temor de Dios.

Sin embargo, en los últimos tiempos, está surgiendo un nuevo acercamiento a la Palabra de Dios. Hay inquietud por conocerle y volver a los valores cristianos primitivos. Nada que ver con los 2000 años de primacías religiosas que constituyen más un poder temporal y terrenal que espiritual, puesto que se han ido apartando progresivamente del Evangelio de Cristo.

  El amor amor amor

 
la amor amor amor