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EFECTO ISAÍAS   Y   LA CIENCIA PERDIDA
La Verdadera Forma de Orar

Para  Practicar  "El Secreto de la Oracion"

Nuestros mayores me transmitieron el secreto de la oración. El secreto es que cuando pedimos algo, estamos reconociendo que no lo tenemos. Seguir pidiendo sólo aumenta el poder de lo que nunca sucederá.
« El camino entre el ser humano y las fuerzas de este mundo empiezan en nuestro corazón. Es allí donde nuestro mundo de los sentimientos se une con el de nuestro pensamientos ».
"En mi oración, empecé con un sentimiento de gratitud por todo lo que existe y por todo lo que ha sucedido. Di gracias al viento del desierto, al calor y a la sequía, pues hasta ahora así es como ha sido. No es bueno. No es malo. Ha sido nuestra medicina.
»Luego he escogido otra medicina. Empecé a sentir lluvia. Sentí la lluvia cayendo sobre mi cuerpo. De pie en el círculo de piedra, imaginé que estaba en la plaza de nuestro pueblo, descalzo bajo la lluvia. Sentí la sensación de la tierra húmeda que rezumaba entre los dedos de mis pies. Olí el olor de la lluvia en las paredes de paja y barro de las casas de nuestro pueblo después de las tormentas. Sentí la sensación de caminar por los campos de maíz que crecía hasta la altura de mi pecho debido a la generosidad de las lluvias. Los ancianos nos recuerdan que así es como elegimos nuestro camino en este mundo.
Primero hemos de tener el sentimiento de lo que deseamos experimentar. Así es como plantamos las semillas para un nuevo camino. De ahí en adelante -prosiguió David-
nuestra oración se convierte en una acción de gracias.
-¿Gracias? ¿Quieres decir gracias por lo que hemos creado?

-No, no por lo que hemos creado --respondió David – la creación ya esta completa. Nuestra oración se convierte
en una oración de gracias por la oportunidad se elegir que creación vamos a experimentar. Mediante nuestro agradecimiento, veneramos todas las posibilidades y atraemos a nuestro mundo aquellas que deseamos.

De este modo, con las palabras de su pueblo, David había compartido conmigo el secreto de entrar en comunión con las fuerzas de nuestro mundo y nuestros cuerpos. Aunque había escuchado y comprendido lo que me había dicho, sus palabras todavía son más significativas para mí hoy en día.
 

Aplica  tu  Este secreto ,Tu vida y la de los que te rodean

Cambiaran drasticamente  para donde tu elijas.

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EFECTO ISAÍAS   Y   LA CIENCIA PERDIDA
La Verdadera Forma de Orar

 

Comienzos

 Un Dia   sentado navegando en Internet y me encontre este documento.

      lo  lei,   lo    practique !!!!!;      "Los resultados son en verdad extraordinarios."
Introduccion

·       ¿Es posible que exista una ciencia perdida que nos ayude a trascender temas como la guerra, la destrucción y el sufrimiento predichos hace tanto tiempo para nuestra época actual?

·       ¿Cabe la posibilidad de que en alguna parte de las neblinas de nuestra antigua memoria colectiva hubiera tenido lugar algún acontecimiento que provocara un vacío en nuestra comprensión sobre cómo relacionarnos con nuestro mundo y entre nosotros?

·       De ser así, ¿sería posible que, de salvar ese obstáculo, se pudieran evitar las grandes tragedias a las que se ha de enfrentar la humanidad?

Textos de dos mil quinientos años de antigüedad, así como la ciencia moderna, sugieren que la respuesta a estas preguntas y a otras similares es un rotundo « ¡sí! ». Además, en el lenguaje de sus tiempos, los que vivieron antes que nosotros nos recuerdan dos poderosas técnicas que están en relación directa con nuestra vida actual. La primera es la ciencia dé la profecía, que nos permite ser testigos de las consecuencias futuras de nuestras elecciones del presente. La segunda es la sofisticada técnica de la oración, que nos permite elegir qué profecía futura vamos a vivir.

Los secretos de nuestras ciencias perdidas parecen haber sido abiertamente compartidos por sociedades y tradiciones antiguas. Los últimos vestigios de esta poderosa sabiduría en la tradición occidental se perdieron al desaparecer textos muy valiosos en el siglo IV. Fue en el año 325, cuando los elementos clave de nuestra antigua herencia fueron apartados de la población general y quedaron relegados a las tradiciones esotéricas de escuelas de misterio, a sacerdotes de elite y a las órdenes sagradas.

 

A los ojos de la ciencia moderna, las recientes traducciones de textos como los manuscritos del mar Muerto y las bibliotecas gnósticas de Egipto han abierto las puertas a aquellas posibilidades que se dejaban entrever en los cuentos populares y de hadas antiguos y han supuesto un nuevo despertar para las mismas. Ahora, después de dos mil años de haber sido escritos, podemos ratificar el poder de una fuerza que mora en nuestro interior, un poder muy real que tiene la capacidad de acabar con el sufrimiento y traer paz duradera al mundo.


Los autores antiguos nos legaron su poderoso mensaje de esperanza descrito con las palabras de su tiempo. Las visiones del profeta Isaías, por ejemplo, fueron registradas más de quinientos años antes del nacimiento de Cristo. El rollo de Isaías, el único manus-crito descubierto intacto entre los manuscritos del mar Muerto en 1946, desplegado y montado sobre un cilindro vertical, está expuesto en el Santuario del Museo del Libro de Jerusalén. La exposición, considerada como insustituible, está protegida por un sistema diseñado para que la estancia se convierta en una cámara acorazada sellada con puertas de acero a fin de conservar el rollo para las generaciones futuras, en el supuesto de que se produjera un ataque nuclear.

 

La antigüedad del rollo de Isaías, su integridad y el propio texto ofrecen una oportunidad única para considerarlo como representativo de las muchas profecías proferidas para nuestro tiempo. Aparte de los detalles de los acontecimientos concretos, la visión generalizada de las antiguas predicciones revela el trasfondo de un tema común. En todas las visiones de nuestro futuro, las profecías siguen un patrón claro: descripciones de catástrofes, inmediatamente seguidas de una visión de vida, dicha y esperanza.


En el manuscrito conocido más antiguo de este tipo, Isaías comienza su visión de posibles futuros, con la descripción de una época de destrucción global de una magnitud nunca vista. Describe su ominoso momento como una época en que «enteramente arruinada quedará la Tierra, totalmente devastada» (Is. 24,3).' Su visión de una época que aún había de llegar se parece mucho a las descripciones de muchas otras profecías de distintas tradiciones, incluidas las de
los nativos americanos hopi y navajo, así como las de los mayas de México y Guatemala.

 


 

Sin embargo, en los versos que vienen a continuación de la descripción de devastación de Isaías, su visión cambia espectacularmente a un escenario de paz y salud:

«Porque las aguas rebosarán en el desierto, arroyos en la estepa... Y la ardiente arena se convertirá en estanque, y el sequedal en manantiales de agua»

(Is. 35, 6-7).

Además, Isaías dice que «en aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán desde la oscuridad y sin tinieblas» (ib., 29,18).


Durante casi veinticinco siglos, los eruditos han interpretado principalmente estas visiones como una descripción de acontecimientos que se esperaba que ocurrieran justamente en el orden en que son descritos en el rollo de Isaías: en primer lugar la tribulación de la destrucción, seguida de una etapa de paz y salud. ¿Es posible que estas visiones de otros tiempos tuvieran otro significado? ¿Podrían las introspecciones de los profetas reflejar las habilidades de expertos maestros que se introducían entre los mundos de posibles futuros y registraban sus experiencias para las generaciones futuras? De ser así, los detalles de sus viajes podrían ofrecernos importantes claves para descifrar un tiempo que está por llegar.

Los antiguos profetas, al igual que las creencias de los físicos del siglo 'XX, vieron el tiempo y el curso de nuestra historia como una senda que puede recorrerse en dos direcciones: hacia atrás así como hacia delante. Reconocieron que sus visiones tan sólo reflejaban posibilidades para un momento dado en el tiempo, más que acontecimientos que sucederían con toda certeza, y cada posibilidad se basaba en las condiciones existentes en el momento de la profecía. Cuando estas cambiaran, el cambio se vería reflejado en el resultado de cada profecía. Una visión de guerra de un profeta, por ejemplo, se podía ver como un futuro seguro sólo si no se ponía fin a las circunstancias sociales, políticas y militares en el momento de la profecía.


Esta misma línea de razonamiento nos recuerda que, cambiando nuestra forma de actuar en el presente -aunque, a veces, ello suponga sólo un pequeño cambio-, podemos cambiar todo el curso de nuestro futuro. Este principio se aplica tanto a circunstancias individuales, como la salud y las relaciones, como al bienestar general del mundo. En el caso de una guerra, la ciencia de la profecía puede permitir a un visionario proyectar su visión a un tiempo futuro y alertar a las personas de su tiempo de las consecuencias de sus acciones. De hecho, muchas profecías van acompañadas de reiteradas súplicas de cambio en un intento de evitar que suceda lo que los profetas han visto.


Las visiones proféticas de posibilidades lejanas a menudo nos recuerdan la analogía de los caminos paralelos, sendas posibles que se introducen tanto en el futuro como en el pasado. De tanto en tanto los cursos de los caminos parecen desviarse, haciendo que uno se acerque a su vecino. Es en estos puntos donde los antiguos profetas creían que los velos entre los mundos eran muy finos. Cuanto más finos estos, más fácil era elegir nuevas vías para el futuro, saltando de un camino a otro.


Los científicos modernos se toman muy en serio estas posibilidades, y han creado nombres para estos acontecimientos, así como para los lugares donde los mundos se conectan. Mediante expresiones como «ondas del tiempo», «resultados cuánticos» y «puntos de elección», profecías como las de Isaías adquieren poderosos y nuevos significados. En lugar de ser pronósticos de acontecimientos que se prevén para un día en el futuro, son destellos de las posibles consecuencias de las decisiones que tomamos en el presente. Tales descripciones suelen recordarnos un gran simulador cósmico, que nos permite ser testigos de los efectos de nuestras acciones a largo plazo.


Sorprendentemente, a semejanza de los principios cuánticos que sugieren que el tiempo es una colección de resultados maleables y diversos, Isaías la un paso más, recordándonos que las posibilidades de nuestro futuro vienen determinadas por elecciones colectivas realizadas en el presente. Al compartir muchos individuos una opción común, amplían el efecto y aceleran el resultado. Algunos de los ejemplos más claros de este principio cuántico pueden observarse en las oraciones masivas para que se produzcan milagros; de pronto se salta de una situación futura a experimentar otra. A principios de los ochenta, los efectos de la oración con una finalidad fueron documentados mediante experimentos controlados en zonas urbanas con un alto índice de criminalidad.2'3 A través de estos estudios, el efecto localizado de la oración ha sido muy bien documentado en publicaciones para todos los públicos. ¿Pueden aplicarse los mismos principios a zonas más amplias, quizás a escala global?


El viernes 13 de noviembre de 1998, se puso en práctica una oración masiva en todo el mundo, como una opción para la paz en una época en que había una escalada de tensión política en muchas partes del mundo. Concretamente, ese día era la fecha límite impuesta a Irak para cumplir con las exigencias de las Naciones Unidas respecto a las inspecciones de armamento. Tras meses de negociaciones sin éxito para acceder a los lugares clave, las naciones de Occidente habían dejado claro que el incumplimiento por parte de Irak daría como resultado una campaña de bombardeo masivo y extensivo diseñado para destruir las zonas donde se sospechaba que guardaban armamento. Semejante campaña habría producido, sin duda alguna, una gran pérdida de vidas humanas, tanto de civiles como de militares.


Una comunidad global de varios cientos de miles de personas conectadas mediante la World Wide Web, optó por la paz en una oración masiva cuidadosamente sincronizada en momentos precisos de esa tarde. Durante el tiempo de oración, tuvo lugar un acontecimiento que muchos consideran un milagro. A treinta minutos del ataque aéreo, el presidente de Estados Unidos, tras recibir una carta de los oficiales iraquíes diciendo que iban a cooperar con las solicitadas inspecciones de armamento, dio la insólita orden al ejército estadounidense de «deponer las armas», el término militar para suspender una misión.4


Las probabilidades de que este hecho sucediera fortuitamente en el mismo marco de tiempo en que se estaba llevando a cabo la oración mundial son mínimas. Los escépticos han visto la sincronicidad que hubo en este ejemplo como una «casualidad». Sin embargo, dado que se han visto anteriormente resultados similares en acontecimientos ocurridos en Irak, en Estados Unidos y en Irlanda del Norte, el creciente aumento de pruebas sugiere que el efecto de la oración masiva es más que una coincidencia. Las pruebas, que confirman un principio descubierto en textos centenarios, sencillamente afirman que la elección de muchas personas, concentradas de una forma específica, tiene un efecto directo y constatable sobre nuestra calidad de vida.


Aunque tales cambios parezcan inexplicables por medios ordinarios, los principios cuánticos los tienen en consideración como productos de la fuerza interior de una elección colectiva o de un grupo. Quizá la perdida ciencia de la oración, oculta en las antiguas tradiciones hasta que nuestro pensamiento actual pudiera reconocerla, ofrezca una forma de acción para evitar la enfermedad, la destrucción, la guerra y la mortandad profetizada para nuestro futuro. Nuestras elecciones individuales se funden en nuestra respuesta colectiva para el presente, con implicaciones que pueden ir desde unos pocos días hasta muchas generaciones en el. futuro.

 

Ahora disponemos del lenguaje para introducir este poderoso mensaje de esperanza y posibilidad en todos los momentos de nuestra vida. Aunque todo el alcance de las más oscuras visiones de Isaías todavía ha de llegar, cada vez hay más científicos, filósofos e investigadores que creen que estamos presenciando el preludio de muchos de los acontecimientos que él predijo para nuestro tiempo.

 

¿Podrían las antiguas claves como el rollo de Isaías haber sobrevivido dos mil años con un mensaje tan poderoso que no pudiera ser reconocido hasta que se comprendiera mejor la naturaleza de nuestro mundo? Nuestra disposición para permitir dicha posibilidad podría convertirse en nuestro mapa de carreteras para evitar el sufrimiento pronosticado por toda una serie de visiones sobre nuestro futuro.

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra...

Escuché una voz que decía:

«No habrá más muerte,
- ni sufrimiento, ni llanto
porque todo esto ya ha pasado»
LIBRO ESENIO DE LAS REVELACIONES
(APOCALIPSIS DE SAN JUAN, 21,1.4)

 


1 - VIVIR EN LOS DÍAS DE LA PROFECÍA

La historia apunta al presente


Por alguna razón aquel hombre llamó mi atención mientras yo atravesaba el pasillo que estaba después de los aseos y los teléfonos. Podía haber sido su obra artística expuesta en las paredes. Quizá sus joyas, que sobresalían modestamente de la artesanal caja de fieltro. Sin embargo, lo más probable es que fueran los tres niños que le rodeaban. Al no tener hijos propios, con los años he mejorado al calcular las edades de los que pertenecen a otras personas. El mayor tendría unos ocho años. Al ver a los más jóvenes, quizá habría dos años de diferencia entre uno y otro. «¡Qué niños más preciosos!», pensé para mí mientras dejaba atrás su exposición en el vestíbulo del restaurante.


Acababa de terminar una cena con unos amigos, que habíamos pospuesto en varias ocasiones y que por fin esta vez pudimos disfrutar en una pequeña ciudad al lado del mar, al norte de San Francisco. Preocupado por la preparación de un taller que tendría lugar durante los tres días siguientes, era consciente de que había estado algo distante en la cena. Desde mi ventajosa situación en un extremo de la mesa, las conversaciones parecían estarse produciendo a mi alrededor. Me había sentido como un observador, mientras el resto del grupo rápidamente había formado parejas para entablar las típicas conversaciones de ponerse al día en lo referente a situación profesional, romances y planes para el futuro.

 

Recuerdo haberme preguntado si la elección de mi asiento había sido intencionada, si era mi forma de evitar la participación directa sin dejar de disfrutar de la presencia de viejos amigos conversando. Más de una vez me di cuenta de que estaba mirando por las enormes ventanas de cristal que se encontraban a medio camino entre donde yo estaba sentado y el muelle bajo el cual subía la marca. Mi mente estaba enfocada en la presentación que tenía que hacer al día siguiente por la tarde.

 

¿Qué diría en la presentación? ¿Cómo invitaría a participantes de tan distintas procedencias y creencias a seguirme en el antiguo mensaje de esperanza respecto a este momento en la historia?

-¡Eh! ¿Cómo te va? -me dijo el hombre de los niños y de las joyas mientras yo caminaba hacia él. El inesperado saludo de un extraño me trasladó al presente. Sonreí y moví la cabeza.
-Estupendamente -respondí, sin tan siquiera pensar-. Parece que tienes unos buenos ayudantes -le dije señalando a sus tres hijos.

El hombre se rió, y cuando me detuve ante él, de pronto empezamos a hablar sobre sus joyas, del trabajo artístico de su esposa y de sus cuatro hijos.

-Fui la comadrona de todos mis hijos -me explicó-. Mis ojos fueron los primeros que vieron cuando llegaron a este mundo. Mis manos fueron las primeras que tocaron sus cuerpos. -Sus ojos brillaban mientras describía cómo había crecido su familia. En cuestión de minutos, este hombre al que no había visto en mi vida empezó a describirme el milagro del nacimiento que él y su esposa habían experimentado cuatro veces juntos. Enseguida me conmovió la confianza y sinceridad de su voz mientras compartía los detalles íntimos de cada parto.


»Es fácil traer un hijo a este mundo -me dijo.

Es fácil para ti decirlo -pensé yo-. ¿Qué diría tu mujer si le preguntara cuál fue su experiencia al tener los hijos?
Justo cuando estaba pensando esto, apareció una mujer desde el fondo del pasillo. Al momento supe que ellos estaban juntos. Eran una de esas parejas que parecen como si uno formara parte del otro. Ella se dirigió a nosotros y sonrió amablemente mientras pasaba el brazo alrededor de su esposo. Habría pasado de largo de su exposición en el pasillo de no haber sido porque me paré a hablar con su esposo. Aun sabiendo de antemano la respuesta a la pregunta que le iba a hacer, yo hablé primero.

-¿Eres la madre de estos hermosos niños?
El orgullo que reflejaban sus ojos respondió antes que las palabras que salieron de sus labios.
-Sí, lo soy -respondió ella-. Soy la madre de los cinco.

Con la gran sonrisa que surge del privilegio de compartir la vida con otra persona, se rió y apuntó con el dedo a su marido en el brazo. Lo capté inmediatamente. Se estaba refiriendo a él como al quinto hijo. Ella sostenía en brazos al cuarto, el más pequeño, un niño de quizá dos años de edad. Cuando empezó a moverse, su madre lo colocó de pie en el suelo de baldosas de la entrada del restaurante. El niño caminó hacia su padre, que lo cogió en brazos con un solo movimiento y lo meció en el ángulo de su brazo. El pequeño se sentó erguido mirando directamente a los ojos de su padre y permaneció así durante el resto de la conversación. Evidentemente era algo que habían hecho muchas otras veces.

-De modo que es fácil tener un hijo -le dije como recordatorio de donde habíamos dejado la conversación antes de la aparición de su esposa.
-Por lo general -respondió él-, cuando están listos no hay gran cosa que los detenga. ¡Sencillamente salen disparados!

Con su hijo pequeño todavía en brazos, el hombre se agachó un poco para imitar a un atleta atrapando una pelota o un bebé entre sus brazos.

 

Todos nos reímos y él y su esposa se miraron. De pronto un aire de silencio invadió a la pareja y a sus hijos. De vez en cuando alguien pasaba por en medio justo en el momento preciso, cuando estaban a punto de salir las palabras justas que avivarían nuestros recuerdos y despertarían las posibilidades que yacen latentes en el interior de todos nosotros. Creo que, en planos que trascienden el habla, todos funcionamos de este modo. En la inocencia de lo inesperado, se produce un momento mágico. Supe que ese era uno de esos momentos.


El hombre me miró directamente. La expresión de su cara y el sentimiento que brotaba de mi corazón me decían que cualquier cosa que fuera a pasar era la razón de que estuviéramos allí reunidos en ese momento.

-Por lo general, no hay problemas -prosiguió el hombre-. Aunque, de vez en cuando, pasa algo. Algo va mal.

Mirando al pequeño que tenía entre sus brazos, el hombre estrechó al niño todavía más, mientras alcanzaba y apartaba su pelo de la frente con sus dedos. Por un instante, los dos se miraron directamente a los ojos. Me sentí honrado por su capacidad de compartir su amor sin hacer que me sintiera un mero espectador. Me estaban dejando participar de su momento.

-Esto es lo que nos pasó con él -continuó-. Tuvimos algunos problemas con Josh. -Yo escuchaba atentamente mientras él proseguía-. Todo iba bien, justo como debía. Mi esposa había roto aguas y su parto avanzaba hasta que nos encontramos con nuestro cuarto parto en casa. Josh se encontraba en el conducto cervical cuando de pronto todo se detuvo.

Sencillamente el parto se interrumpió. Sabía que algo no iba bien. Por alguna razón, recordé un manual de operaciones policiales que había leído años antes. Había un capítulo sobre partos de urgencia y había una sección dedicada a las posibles complicaciones. Mi mente repasó esa sección. ¿No es curioso cómo parece acudir a la mente aquello que necesitamos en el momento adecuado? -Lanzó una carcajada nerviosa mientras su esposa se le acercaba. Ella pasó su brazo alrededor de su esposo y de su hijo menor; yo sabía que ellos compartían una experiencia que los había unido a los tres mediante un raro vínculo de proximidad y asombro.

»El manual decía que, en algunas ocasiones, el bebé durante el parto podía quedarse atascado contra la rabadilla de la madre. Unas veces es la cabeza, otras el hombro lo que queda calzado. Llegar hasta dentro y liberar al feto es un proceso relativamente sencillo. Esto es justo lo que pensaba que le estaba sucediendo a Josh.


»Introduje mis dedos en el cuello uterino de mi esposa, y entonces sucedió algo absolutamente sorprendente. Palpé su rabadilla, moví mi mano un poco hacia arriba y noté con toda certeza que era el omóplato de Josh el que se había encallado en el coccis. Justo cuando iba a moverle, sentí un movimiento. Al momento comprendí lo que estaba sucediendo. Era la mano de Josh. ¡Estaba estirándola en dirección al coccis para liberarse él mismo! Cuando su brazo rozó mi mano, tuve una experiencia que creo que muy pocos padres han tenido. -En ese punto de la conversación ya estábamos todos llorando.


-La historia todavía no ha terminado -dijo la esposa dulcemente-. Sigue, cuéntale el resto -le susurró a su esposo animándole.
-Ahora llego a esa parte. -Sonrió mientras se secaba las lágrimas con las manos-. Cuando su brazo rozaba mi mano, Josh dejó de moverse, sólo durante un par de segundos. Creo que estaba intentado comprender lo que había encontrado. Entonces volví a sentirle. Esta vez no estaba alargando la mano para liberarse de la rabadilla de su madre. ¡Esta vez me la estaba dando a mí! Sentí su manita moverse entre mis dedos. Al principio su tacto era inseguro, como si estuviera explorando. En cuestión de segundos me agarraba con fuerza. Sentí a mi hijo todavía nonato extenderme su mano y entrelazar sus dedos entre los míos confiadamente, ¡como si me conociera! En ese momento supe que a Josh no le pasaría nada. Los tres juntos trabajamos para traer a Josh a este mundo y aquí está hoy.
Todos miramos al pequeño que estaba en los brazos de su padre. Al notar que todas las miradas se posaban sobre él, Josh ocultó su cara en el hombro de su padre.
-Todavía es un poco tímido -dijo el hombre riendo.
-Ahora entiendo por qué está tan apegado a ti -dije yo-. Los dos compartís algo muy grande.

Nos miramos los unos a los otros a través de las lágrimas que habían brotado de nuestros ojos. Recuerdo el sentimiento de reverencia y asombro, y quizás un poco de sorpresa, ante la intensidad de lo que acabábamos de compartir. Todos nos reímos, aliviando el desconcierto del momento sin detractarnos del poder de lo que habíamos compartido. Tras unas pocas palabras más y muchos cálidos abrazos, nos dimos las buenas noches.


No volví a ver a la familia. Ahora, casi tres años después, sigo sin saber sus nombres. Lo que permanece es su historia, su apertura y voluntad de compartir un momento íntimo de sus vidas. Su sinceridad había tocado algo muy antiguo y profundo dentro de mí. Aunque hacía menos de veinte minutos que nos conocíamos, los tres habíamos creado un poderoso recuerdo que yo compartiría muchas veces durante los meses siguientes. Fue uno de esos momentos en los que no se necesitan explicaciones. Ni siquiera lo intentamos.


Una conocida frase en las enseñanzas de Hermes Trismegisto, considerado como el padre de la alquimia, sugiere que las experiencias de nuestras vidas cotidianas, como el nacimiento, son reflejos de acontecimientos que ocurren a una escala mucho mayor en el cosmos. Con elocuente simplicidad, el principio afirma: «Como arriba, así abajo». La teoría del caos, un estudio especializado de matemáticas, lleva la explicación un paso más lejos, al sugerir que nuestras experiencias también son holográficas. En un mundo holográfico, la experiencia de un elemento es reflejada por todos los demás elementos a través de todo el sistema.

 

En el grado en que nuestro cosmos funciona de esta manera, el principio también puede ser aplicado a una experiencia mucho más cercana a nosotros: la relación entre nuestros cuerpos y la Tierra. Mientras la familia que estaba de pie conmigo compartía los recuerdos del nacimiento de su hijo menor, descubrí que estaba pensando en el principio de Hermes. De pronto, la historia de Josh abriéndose paso hacia nuestro mundo se convirtió en una poderosa analogía de nuestro planeta dando a luz a un nuevo mundo. Las similitudes son incontestables.


Si pudiéramos imaginarnos, aunque sólo fuera por un momento, a nosotros mismos viniendo a la Tierra desde un mundo en que el milagro del nacimiento fuera desconocido, la historia de Josh supondría una nueva perspectiva para los acontecimientos de nuestro tiempo. Presenciar la vida que llega a este mundo es, sin duda alguna, una experiencia mágica. Sin embargo, saber cuál va a ser el resultado del parto de algún modo debe cambiar nuestros sentimientos en cuanto a la experiencia. ¿Cómo sería nuestra perspectiva si no conociéramos el resultado? ¿Qué pasaría si viéramos el proceso del nacimiento sin el privilegio de comprender que se ha invitado a una nueva vida a nuestro entorno?


Empezaríamos por ver a una mujer que padece tremendos dolores. Su rostro hace muecas sincronizadas con los gritos del parto. Sangre y fluidos que brotan de su cuerpo. En efecto, presenciar la llegada de una nueva vida sería como presenciar los mismos síntomas que acompañan la pérdida de la misma. ¿Cómo podríamos saber por los síntomas exteriores de dolor que se trata de un nacimiento? ¿Es posible que hagamos las mismas conjeturas al contemplar el nacimiento de una nueva tierra que haría alguien que estuviera presenciando un parto humano y desconociera lo que está viendo?

 

Este es justamente el escenario que las antiguas tradiciones sugieren que se está manifestando; somos testigos del nacimiento cíclico de un nuevo mundo. En las visiones proféticas del evangelio de san Mateo, el autor utiliza el nacimiento como una metáfora para describir los acontecimientos que la gente de nuestro tiempo espera ver:

«Habrá hambrunas y terremotos en diversas partes. Pero todo esto no es más que el comienzo de los dolores del parto»

(Mt. 24,7-8).'

Durante el último cuarto del siglo XX, los científicos documentaron unos hechos únicos que parece que no se puedan comparar con nada. Desde las regiones más profundas de la Tierra hasta los límites de nuestro universo conocido, hay instrumentos que graban acontecimientos que sobrepasan en fuerza y duración las anteriores mediciones, a veces por muchos órdenes de magnitud. En otoño de 1997, empezaron a correr por la World Wide Web, revistas y otros medios, informes sobre cambios catastróficos en la Tierra y en la sociedad.

 

Los artículos describían una variedad de acontecimientos que iban desde los mega terremotos, aumento en el nivel del mar y colisiones cercanas con asteroides, hasta poderosos nuevos virus y la ruptura de la frágil paz de Oriente Próximo, todos ellos con el potencial de causar estragos y destrucción. Muchos de los artículos describen fenómenos que concuerdan con las predicciones visionarias de hace miles de años para esta época de la historia. Tanto las profecías modernas como las antiguas sugieren que los acontecimientos de 1997 marcaron el comienzo de un extraño período en el que se esperan cambios espectaculares.

 

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Mateo 18:20 Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.

"Si tu das, recibirás. Tu regalo regresará a ti en plena medida, comprimido, asociado para hacer más, y activo. Cualquier medida que uses en dar, grande o pequeña, será usada para medir lo que es dado de regreso a ti."

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