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EFECTO ISAÍAS Y LA CIENCIA PERDIDA
La Verdadera Forma de Orar
Para Practicar "El Secreto de la Oracion"
Nuestros
mayores me transmitieron el secreto de la oración. El secreto es que
cuando pedimos algo, estamos reconociendo que no lo tenemos. Seguir
pidiendo sólo aumenta el poder de lo que nunca sucederá.
« El camino entre el ser humano y las fuerzas de este mundo empiezan en
nuestro corazón. Es allí donde nuestro mundo de los sentimientos se une
con el de nuestro pensamientos ».
"En mi oración, empecé con un
sentimiento de gratitud por todo lo que existe y por todo lo que ha
sucedido. Di gracias al viento del desierto, al calor y a la sequía,
pues hasta ahora así es como ha sido. No es bueno. No es malo. Ha sido
nuestra medicina.
»Luego he escogido otra medicina. Empecé a sentir lluvia. Sentí la
lluvia cayendo sobre mi cuerpo. De pie en el círculo de piedra, imaginé
que estaba en la plaza de nuestro pueblo, descalzo bajo la lluvia. Sentí
la sensación de la tierra húmeda que rezumaba entre los dedos de mis
pies. Olí el olor de la lluvia en las paredes de paja y barro de las
casas de nuestro pueblo después de las tormentas. Sentí la sensación de
caminar por los campos de maíz que crecía hasta la altura de mi pecho
debido a la generosidad de las lluvias. Los ancianos nos recuerdan que
así es como elegimos nuestro camino en este mundo.
Primero hemos de
tener el sentimiento de lo que deseamos experimentar. Así es
como plantamos las semillas para un nuevo camino. De ahí en adelante
-prosiguió David-
nuestra oración se convierte en una acción de
gracias.
-¿Gracias? ¿Quieres decir gracias por lo que hemos
creado?
-No, no por lo que hemos creado --respondió David – la creación ya esta
completa. Nuestra oración se convierte
en una oración de gracias por la
oportunidad se elegir que creación vamos a experimentar. Mediante
nuestro agradecimiento, veneramos todas las posibilidades y atraemos a
nuestro mundo aquellas que deseamos.
De este
modo, con las palabras de su pueblo, David había compartido conmigo el
secreto de entrar en comunión con las fuerzas de nuestro mundo y
nuestros cuerpos. Aunque había escuchado y comprendido lo que me había
dicho, sus palabras todavía son más significativas para mí hoy en día.
Aplica tu Este secreto ,Tu vida y la de los que te rodean
Cambiaran drasticamente para donde tu elijas.
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EFECTO ISAÍAS Y LA CIENCIA PERDIDA
La Verdadera Forma de Orar
Comienzos
Un Dia sentado navegando en Internet y
me encontre este documento.
lo lei,
lo practique !!!!!; "Los resultados
son en verdad extraordinarios."
Introduccion
·
¿Es posible que exista una
ciencia perdida que nos ayude a trascender temas como la guerra, la
destrucción y el sufrimiento predichos hace tanto tiempo para nuestra
época actual?
·
¿Cabe la posibilidad de que en
alguna parte de las neblinas de nuestra antigua memoria colectiva
hubiera tenido lugar algún acontecimiento que provocara un vacío en
nuestra comprensión sobre cómo relacionarnos con nuestro mundo y entre
nosotros?
·
De ser así, ¿sería posible que,
de salvar ese obstáculo, se pudieran evitar las grandes tragedias a las
que se ha de enfrentar la humanidad?
Textos de
dos mil quinientos años de antigüedad, así como la ciencia moderna,
sugieren que la respuesta a estas preguntas y a otras similares es un
rotundo « ¡sí! ». Además, en el lenguaje de sus tiempos, los que
vivieron antes que nosotros nos recuerdan dos poderosas técnicas que
están en relación directa con nuestra vida actual. La primera es la
ciencia dé la profecía, que nos permite ser testigos de las
consecuencias futuras de nuestras elecciones del presente. La segunda es
la sofisticada técnica de la oración, que nos permite elegir qué
profecía futura vamos a vivir.
Los secretos de nuestras ciencias perdidas parecen haber sido
abiertamente compartidos por sociedades y tradiciones antiguas. Los
últimos vestigios de esta poderosa sabiduría en la tradición occidental
se perdieron al desaparecer textos muy valiosos en el siglo IV. Fue en
el año 325, cuando los elementos clave de nuestra antigua herencia
fueron apartados de la población general y quedaron relegados a las
tradiciones esotéricas de escuelas de misterio, a sacerdotes de elite y
a las órdenes sagradas.
A los ojos
de la ciencia moderna, las recientes traducciones de textos como los
manuscritos del mar Muerto y las bibliotecas gnósticas de Egipto
han abierto las puertas a aquellas posibilidades que se dejaban entrever
en los cuentos populares y de hadas antiguos y han supuesto un nuevo
despertar para las mismas. Ahora, después de dos mil años de haber sido
escritos, podemos ratificar el poder de una fuerza que mora en nuestro
interior, un poder muy real que tiene la capacidad de acabar con el
sufrimiento y traer paz duradera al mundo.
Los autores antiguos nos legaron su poderoso mensaje de esperanza
descrito con las palabras de su tiempo. Las visiones del profeta Isaías,
por ejemplo, fueron registradas más de quinientos años antes del
nacimiento de Cristo. El rollo de Isaías, el único manus-crito
descubierto intacto entre los manuscritos del mar Muerto en 1946,
desplegado y montado sobre un cilindro vertical, está expuesto en el
Santuario del Museo del Libro de Jerusalén. La exposición,
considerada como insustituible, está protegida por un sistema diseñado
para que la estancia se convierta en una cámara acorazada sellada con
puertas de acero a fin de conservar el rollo para las generaciones
futuras, en el supuesto de que se produjera un ataque nuclear.
La
antigüedad del rollo de Isaías, su integridad y el propio texto ofrecen
una oportunidad única para considerarlo como representativo de las
muchas profecías proferidas para nuestro tiempo. Aparte de los detalles
de los acontecimientos concretos, la visión generalizada de las antiguas
predicciones revela el trasfondo de un tema común. En todas las visiones
de nuestro futuro, las profecías siguen un patrón claro: descripciones
de catástrofes, inmediatamente seguidas de una visión de vida, dicha y
esperanza.
En el manuscrito conocido más antiguo de este tipo, Isaías comienza su
visión de posibles futuros, con la descripción de una época de
destrucción global de una magnitud nunca vista. Describe su ominoso
momento como una época en que «enteramente arruinada quedará la Tierra,
totalmente devastada» (Is. 24,3).' Su visión de una época que aún había
de llegar se parece mucho a las descripciones de muchas otras profecías
de distintas tradiciones, incluidas las de
los nativos americanos hopi y
navajo, así como las de los mayas de
México y Guatemala.
Sin embargo, en los versos que vienen a continuación de la descripción
de devastación de Isaías, su visión cambia espectacularmente a un
escenario de paz y salud:
«Porque
las aguas rebosarán en el desierto, arroyos en la estepa... Y la
ardiente arena se convertirá en estanque, y el sequedal en manantiales
de agua»
(Is. 35,
6-7).
Además,
Isaías dice que «en aquel tiempo los sordos oirán las palabras del
libro, y los ojos de los ciegos verán desde la oscuridad y sin
tinieblas» (ib., 29,18).
Durante casi veinticinco siglos, los eruditos han interpretado
principalmente estas visiones como una descripción de acontecimientos
que se esperaba que ocurrieran justamente en el orden en que son
descritos en el rollo de Isaías: en primer lugar la tribulación de la
destrucción, seguida de una etapa de paz y salud. ¿Es posible que estas
visiones de otros tiempos tuvieran otro significado? ¿Podrían las
introspecciones de los profetas reflejar las habilidades de expertos
maestros que se introducían entre los mundos de posibles futuros y
registraban sus experiencias para las generaciones futuras? De ser así,
los detalles de sus viajes podrían ofrecernos importantes claves para
descifrar un tiempo que está por llegar.
Los antiguos profetas, al igual que las creencias de los físicos del
siglo 'XX, vieron el tiempo y el curso de nuestra historia como una
senda que puede recorrerse en dos direcciones: hacia atrás así como
hacia delante. Reconocieron que sus visiones tan sólo reflejaban
posibilidades para un momento dado en el tiempo, más que acontecimientos
que sucederían con toda certeza, y cada posibilidad se basaba en las
condiciones existentes en el momento de la profecía. Cuando estas
cambiaran, el cambio se vería reflejado en el resultado de cada
profecía. Una visión de guerra de un profeta, por ejemplo, se podía ver
como un futuro seguro sólo si no se ponía fin a las circunstancias
sociales, políticas y militares en el momento de la profecía.
Esta misma línea de razonamiento nos recuerda que, cambiando nuestra
forma de actuar en el presente -aunque, a veces, ello suponga sólo un
pequeño cambio-, podemos cambiar todo el curso de nuestro futuro. Este
principio se aplica tanto a circunstancias individuales, como la salud y
las relaciones, como al bienestar general del mundo. En el caso de una
guerra, la ciencia de la profecía puede permitir a un visionario
proyectar su visión a un tiempo futuro y alertar a las personas de su
tiempo de las consecuencias de sus acciones. De hecho, muchas profecías
van acompañadas de reiteradas súplicas de cambio en un intento de evitar
que suceda lo que los profetas han visto.
Las visiones proféticas de posibilidades lejanas a menudo nos recuerdan
la analogía de los caminos paralelos, sendas posibles que se introducen
tanto en el futuro como en el pasado. De tanto en tanto los cursos de
los caminos parecen desviarse, haciendo que uno se acerque a su vecino.
Es en estos puntos donde los antiguos profetas creían que los velos
entre los mundos eran muy finos. Cuanto más finos estos, más fácil era
elegir nuevas vías para el futuro, saltando de un camino a otro.
Los científicos modernos se toman muy en serio estas posibilidades, y
han creado nombres para estos acontecimientos, así como para los lugares
donde los mundos se conectan. Mediante expresiones como «ondas del
tiempo», «resultados cuánticos» y «puntos de elección», profecías como
las de Isaías adquieren poderosos y nuevos significados. En lugar de ser
pronósticos de acontecimientos que se prevén para un día en el futuro,
son destellos de las posibles consecuencias de las decisiones que
tomamos en el presente. Tales descripciones suelen recordarnos un gran
simulador cósmico, que nos permite ser testigos de los efectos de
nuestras acciones a largo plazo.
Sorprendentemente, a semejanza de los principios cuánticos que sugieren
que el tiempo es una colección de resultados maleables y diversos,
Isaías la un paso más, recordándonos que las posibilidades de nuestro
futuro vienen determinadas por elecciones colectivas realizadas en el
presente. Al compartir muchos individuos una opción común, amplían el
efecto y aceleran el resultado. Algunos de los ejemplos más claros de
este principio cuántico pueden observarse en las oraciones masivas para
que se produzcan milagros; de pronto se salta de una situación futura a
experimentar otra. A principios de los ochenta, los efectos de la
oración con una finalidad fueron documentados mediante experimentos
controlados en zonas urbanas con un alto índice de criminalidad.2'3
A través de estos estudios, el efecto localizado de la oración ha sido
muy bien documentado en publicaciones para todos los públicos. ¿Pueden
aplicarse los mismos principios a zonas más amplias, quizás a escala
global?
El viernes 13 de noviembre de 1998, se puso en práctica una oración
masiva en todo el mundo, como una opción para la paz en una época en
que había una escalada de tensión política en muchas partes del mundo.
Concretamente, ese día era la fecha límite impuesta a Irak para
cumplir con las exigencias de las Naciones Unidas respecto a las
inspecciones de armamento. Tras meses de negociaciones sin éxito para
acceder a los lugares clave, las naciones de Occidente habían dejado
claro que el incumplimiento por parte de Irak daría como resultado una
campaña de bombardeo masivo y extensivo diseñado para destruir las zonas
donde se sospechaba que guardaban armamento. Semejante campaña habría
producido, sin duda alguna, una gran pérdida de vidas humanas, tanto de
civiles como de militares.
Una comunidad global de varios cientos de miles de personas conectadas
mediante la World Wide Web, optó por la paz en una oración masiva
cuidadosamente sincronizada en momentos precisos de esa tarde. Durante
el tiempo de oración, tuvo lugar un acontecimiento que muchos consideran
un milagro. A treinta minutos del ataque aéreo, el presidente de Estados
Unidos, tras recibir una carta de los oficiales iraquíes diciendo que
iban a cooperar con las solicitadas inspecciones de armamento, dio la
insólita orden al ejército estadounidense de «deponer las armas», el
término militar para suspender una misión.4
Las probabilidades de que este hecho sucediera fortuitamente en el mismo
marco de tiempo en que se estaba llevando a cabo la oración mundial son
mínimas. Los escépticos han visto la sincronicidad que hubo en
este ejemplo como una «casualidad». Sin embargo, dado que se han visto
anteriormente resultados similares en acontecimientos ocurridos en Irak,
en Estados Unidos y en Irlanda del Norte, el creciente aumento de
pruebas sugiere que el efecto de la oración masiva es más que una
coincidencia. Las pruebas, que confirman un principio descubierto en
textos centenarios, sencillamente afirman que la elección de muchas
personas, concentradas de una forma específica, tiene un efecto directo
y constatable sobre nuestra calidad de vida.
Aunque tales cambios parezcan inexplicables por medios ordinarios, los
principios cuánticos los tienen en consideración como productos de la
fuerza interior de una elección colectiva o de un grupo. Quizá la
perdida ciencia de la oración, oculta en las antiguas tradiciones hasta
que nuestro pensamiento actual pudiera reconocerla, ofrezca una forma de
acción para evitar la enfermedad, la destrucción, la guerra y la
mortandad profetizada para nuestro futuro. Nuestras elecciones
individuales se funden en nuestra respuesta colectiva para el presente,
con implicaciones que pueden ir desde unos pocos días hasta muchas
generaciones en el. futuro.
Ahora
disponemos del lenguaje para introducir este poderoso mensaje de
esperanza y posibilidad en todos los momentos de nuestra vida. Aunque
todo el alcance de las más oscuras visiones de Isaías todavía ha de
llegar, cada vez hay más científicos, filósofos e investigadores que
creen que estamos presenciando el preludio de muchos de los
acontecimientos que él predijo para nuestro tiempo.
¿Podrían
las antiguas claves como el rollo de Isaías haber sobrevivido dos mil
años con un mensaje tan poderoso que no pudiera ser reconocido hasta que
se comprendiera mejor la naturaleza de nuestro mundo? Nuestra
disposición para permitir dicha posibilidad podría convertirse en
nuestro mapa de carreteras para evitar el sufrimiento pronosticado por
toda una serie de visiones sobre nuestro futuro.
Y vi un
nuevo cielo y una nueva tierra...
Escuché
una voz que decía:
«No habrá
más muerte,
- ni sufrimiento, ni llanto
porque todo esto ya ha pasado»
LIBRO ESENIO DE LAS REVELACIONES
(APOCALIPSIS DE SAN JUAN, 21,1.4)
1 - VIVIR EN LOS
DÍAS DE LA PROFECÍA
La
historia apunta al presente
Por alguna razón aquel hombre llamó mi atención mientras yo atravesaba
el pasillo que estaba después de los aseos y los teléfonos. Podía haber
sido su obra artística expuesta en las paredes. Quizá sus joyas, que
sobresalían modestamente de la artesanal caja de fieltro. Sin embargo,
lo más probable es que fueran los tres niños que le rodeaban. Al no
tener hijos propios, con los años he mejorado al calcular las edades de
los que pertenecen a otras personas. El mayor tendría unos ocho años. Al
ver a los más jóvenes, quizá habría dos años de diferencia entre uno y
otro. «¡Qué niños más preciosos!», pensé para mí mientras dejaba atrás
su exposición en el vestíbulo del restaurante.
Acababa de terminar una cena con unos amigos, que habíamos pospuesto en
varias ocasiones y que por fin esta vez pudimos disfrutar en una pequeña
ciudad al lado del mar, al norte de San Francisco. Preocupado por la
preparación de un taller que tendría lugar durante los tres días
siguientes, era consciente de que había estado algo distante en la cena.
Desde mi ventajosa situación en un extremo de la mesa, las
conversaciones parecían estarse produciendo a mi alrededor. Me había
sentido como un observador, mientras el resto del grupo rápidamente
había formado parejas para entablar las típicas conversaciones de
ponerse al día en lo referente a situación profesional, romances y
planes para el futuro.
Recuerdo
haberme preguntado si la elección de mi asiento había sido intencionada,
si era mi forma de evitar la participación directa sin dejar de
disfrutar de la presencia de viejos amigos conversando. Más de una vez
me di cuenta de que estaba mirando por las enormes ventanas de cristal
que se encontraban a medio camino entre donde yo estaba sentado y el
muelle bajo el cual subía la marca. Mi mente estaba enfocada en la
presentación que tenía que hacer al día siguiente por la tarde.
¿Qué diría
en la presentación? ¿Cómo invitaría a participantes de tan distintas
procedencias y creencias a seguirme en el antiguo mensaje de esperanza
respecto a este momento en la historia?
-¡Eh!
¿Cómo te va? -me dijo el hombre de los niños y de las joyas mientras yo
caminaba hacia él. El inesperado saludo de un extraño me trasladó al
presente. Sonreí y moví la cabeza.
-Estupendamente -respondí, sin tan siquiera pensar-. Parece que tienes
unos buenos ayudantes -le dije señalando a sus tres hijos.
El hombre
se rió, y cuando me detuve ante él, de pronto empezamos a hablar sobre
sus joyas, del trabajo artístico de su esposa y de sus cuatro hijos.
-Fui la
comadrona de todos mis hijos -me explicó-. Mis ojos fueron los primeros
que vieron cuando llegaron a este mundo. Mis manos fueron las primeras
que tocaron sus cuerpos. -Sus ojos brillaban mientras describía cómo
había crecido su familia. En cuestión de minutos, este hombre al que no
había visto en mi vida empezó a describirme el milagro del nacimiento
que él y su esposa habían experimentado cuatro veces juntos. Enseguida
me conmovió la confianza y sinceridad de su voz mientras compartía los
detalles íntimos de cada parto.
»Es fácil traer un hijo a este mundo -me dijo.
Es fácil
para ti decirlo -pensé yo-. ¿Qué diría tu mujer si le preguntara cuál
fue su experiencia al tener los hijos?
Justo cuando estaba pensando esto, apareció una mujer desde el fondo del
pasillo. Al momento supe que ellos estaban juntos. Eran una de esas
parejas que parecen como si uno formara parte del otro. Ella se dirigió
a nosotros y sonrió amablemente mientras pasaba el brazo alrededor de su
esposo. Habría pasado de largo de su exposición en el pasillo de no
haber sido porque me paré a hablar con su esposo. Aun sabiendo de
antemano la respuesta a la pregunta que le iba a hacer, yo hablé
primero.
-¿Eres la
madre de estos hermosos niños?
El orgullo que reflejaban sus ojos respondió antes que las palabras que
salieron de sus labios.
-Sí, lo soy -respondió ella-. Soy la madre de los cinco.
Con la
gran sonrisa que surge del privilegio de compartir la vida con otra
persona, se rió y apuntó con el dedo a su marido en el brazo. Lo capté
inmediatamente. Se estaba refiriendo a él como al quinto hijo. Ella
sostenía en brazos al cuarto, el más pequeño, un niño de quizá dos años
de edad. Cuando empezó a moverse, su madre lo colocó de pie en el suelo
de baldosas de la entrada del restaurante. El niño caminó hacia su
padre, que lo cogió en brazos con un solo movimiento y lo meció en el
ángulo de su brazo. El pequeño se sentó erguido mirando directamente a
los ojos de su padre y permaneció así durante el resto de la
conversación. Evidentemente era algo que habían hecho muchas otras
veces.
-De modo
que es fácil tener un hijo -le dije como recordatorio de donde habíamos
dejado la conversación antes de la aparición de su esposa.
-Por lo general -respondió él-, cuando están listos no hay gran cosa que
los detenga. ¡Sencillamente salen disparados!
Con su
hijo pequeño todavía en brazos, el hombre se agachó un poco para imitar
a un atleta atrapando una pelota o un bebé entre sus brazos.
Todos nos
reímos y él y su esposa se miraron. De pronto un aire de silencio
invadió a la pareja y a sus hijos. De vez en cuando alguien pasaba por
en medio justo en el momento preciso, cuando estaban a punto de salir
las palabras justas que avivarían nuestros recuerdos y despertarían las
posibilidades que yacen latentes en el interior de todos nosotros. Creo
que, en planos que trascienden el habla, todos funcionamos de este modo.
En la inocencia de lo inesperado, se produce un momento mágico. Supe que
ese era uno de esos momentos.
El hombre me miró directamente. La expresión de su cara y el sentimiento
que brotaba de mi corazón me decían que cualquier cosa que fuera a pasar
era la razón de que estuviéramos allí reunidos en ese momento.
-Por lo
general, no hay problemas -prosiguió el hombre-. Aunque, de vez en
cuando, pasa algo. Algo va mal.
Mirando al
pequeño que tenía entre sus brazos, el hombre estrechó al niño todavía
más, mientras alcanzaba y apartaba su pelo de la frente con sus dedos.
Por un instante, los dos se miraron directamente a los ojos. Me sentí
honrado por su capacidad de compartir su amor sin hacer que me sintiera
un mero espectador. Me estaban dejando participar de su momento.
-Esto es
lo que nos pasó con él -continuó-. Tuvimos algunos problemas con Josh.
-Yo escuchaba atentamente mientras él proseguía-. Todo iba bien, justo
como debía. Mi esposa había roto aguas y su parto avanzaba hasta que nos
encontramos con nuestro cuarto parto en casa. Josh se encontraba en el
conducto cervical cuando de pronto todo se detuvo.
Sencillamente el parto se interrumpió. Sabía que algo no iba bien. Por
alguna razón, recordé un manual de operaciones policiales que había
leído años antes. Había un capítulo sobre partos de urgencia y había una
sección dedicada a las posibles complicaciones. Mi mente repasó esa
sección. ¿No es curioso cómo parece acudir a la mente aquello que
necesitamos en el momento adecuado? -Lanzó una carcajada nerviosa
mientras su esposa se le acercaba. Ella pasó su brazo alrededor de su
esposo y de su hijo menor; yo sabía que ellos compartían una experiencia
que los había unido a los tres mediante un raro vínculo de proximidad y
asombro.
»El manual
decía que, en algunas ocasiones, el bebé durante el parto podía quedarse
atascado contra la rabadilla de la madre. Unas veces es la cabeza, otras
el hombro lo que queda calzado. Llegar hasta dentro y liberar al feto es
un proceso relativamente sencillo. Esto es justo lo que pensaba que le
estaba sucediendo a Josh.
»Introduje mis dedos en el cuello uterino de mi esposa, y entonces
sucedió algo absolutamente sorprendente. Palpé su rabadilla, moví mi
mano un poco hacia arriba y noté con toda certeza que era el omóplato de
Josh el que se había encallado en el coccis. Justo cuando iba a moverle,
sentí un movimiento. Al momento comprendí lo que estaba sucediendo. Era
la mano de Josh. ¡Estaba estirándola en dirección al coccis para
liberarse él mismo! Cuando su brazo rozó mi mano, tuve una experiencia
que creo que muy pocos padres han tenido. -En ese punto de la
conversación ya estábamos todos llorando.
-La historia todavía no ha terminado -dijo la esposa dulcemente-. Sigue,
cuéntale el resto -le susurró a su esposo animándole.
-Ahora llego a esa parte. -Sonrió mientras se secaba las lágrimas con
las manos-. Cuando su brazo rozaba mi mano, Josh dejó de moverse, sólo
durante un par de segundos. Creo que estaba intentado comprender lo que
había encontrado. Entonces volví a sentirle. Esta vez no estaba
alargando la mano para liberarse de la rabadilla de su madre. ¡Esta vez
me la estaba dando a mí! Sentí su manita moverse entre mis dedos. Al
principio su tacto era inseguro, como si estuviera explorando. En
cuestión de segundos me agarraba con fuerza. Sentí a mi hijo todavía
nonato extenderme su mano y entrelazar sus dedos entre los míos
confiadamente, ¡como si me conociera! En ese momento supe que a Josh no
le pasaría nada. Los tres juntos trabajamos para traer a Josh a este
mundo y aquí está hoy.
Todos miramos al pequeño que estaba en los brazos de su padre. Al notar
que todas las miradas se posaban sobre él, Josh ocultó su cara en el
hombro de su padre.
-Todavía es un poco tímido -dijo el hombre riendo.
-Ahora entiendo por qué está tan apegado a ti -dije yo-. Los dos
compartís algo muy grande.
Nos
miramos los unos a los otros a través de las lágrimas que habían brotado
de nuestros ojos. Recuerdo el sentimiento de reverencia y asombro, y
quizás un poco de sorpresa, ante la intensidad de lo que acabábamos de
compartir. Todos nos reímos, aliviando el desconcierto del momento sin
detractarnos del poder de lo que habíamos compartido. Tras unas pocas
palabras más y muchos cálidos abrazos, nos dimos las buenas noches.
No volví a ver a la familia. Ahora, casi tres años después, sigo sin
saber sus nombres. Lo que permanece es su historia, su apertura y
voluntad de compartir un momento íntimo de sus vidas. Su sinceridad
había tocado algo muy antiguo y profundo dentro de mí. Aunque hacía
menos de veinte minutos que nos conocíamos, los tres habíamos creado un
poderoso recuerdo que yo compartiría muchas veces durante los meses
siguientes. Fue uno de esos momentos en los que no se necesitan
explicaciones. Ni siquiera lo intentamos.
Una conocida frase en las enseñanzas de
Hermes Trismegisto, considerado como el padre de la alquimia, sugiere
que las experiencias de nuestras vidas cotidianas, como el nacimiento,
son reflejos de acontecimientos que ocurren a una escala mucho mayor en
el cosmos. Con elocuente simplicidad, el principio afirma: «Como arriba,
así abajo». La teoría del caos, un estudio especializado de matemáticas,
lleva la explicación un paso más lejos, al sugerir que nuestras
experiencias también son holográficas. En un mundo holográfico, la
experiencia de un elemento es reflejada por todos los demás elementos a
través de todo el sistema.
En el
grado en que nuestro cosmos funciona de esta manera, el principio
también puede ser aplicado a una experiencia mucho más cercana a
nosotros: la relación entre nuestros cuerpos y la Tierra. Mientras la
familia que estaba de pie conmigo compartía los recuerdos del nacimiento
de su hijo menor, descubrí que estaba pensando en el principio de
Hermes. De pronto, la historia de Josh abriéndose paso hacia nuestro
mundo se convirtió en una poderosa analogía de nuestro planeta dando a
luz a un nuevo mundo. Las similitudes son incontestables.
Si pudiéramos imaginarnos, aunque sólo fuera por un momento, a nosotros
mismos viniendo a la Tierra desde un mundo en que el milagro del
nacimiento fuera desconocido, la historia de Josh supondría una nueva
perspectiva para los acontecimientos de nuestro tiempo. Presenciar la
vida que llega a este mundo es, sin duda alguna, una experiencia mágica.
Sin embargo, saber cuál va a ser el resultado del parto de algún modo
debe cambiar nuestros sentimientos en cuanto a la experiencia. ¿Cómo
sería nuestra perspectiva si no conociéramos el resultado? ¿Qué pasaría
si viéramos el proceso del nacimiento sin el privilegio de comprender
que se ha invitado a una nueva vida a nuestro entorno?
Empezaríamos por ver a una mujer que padece tremendos dolores. Su rostro
hace muecas sincronizadas con los gritos del parto. Sangre y fluidos que
brotan de su cuerpo. En efecto, presenciar la llegada de una nueva vida
sería como presenciar los mismos síntomas que acompañan la pérdida de la
misma. ¿Cómo podríamos saber por los síntomas exteriores de dolor que se
trata de un nacimiento? ¿Es posible que hagamos las mismas conjeturas al
contemplar el nacimiento de una nueva tierra que haría alguien que
estuviera presenciando un parto humano y desconociera lo que está
viendo?
Este es
justamente el escenario que las antiguas tradiciones sugieren que se
está manifestando; somos testigos del nacimiento cíclico de un nuevo
mundo. En las visiones proféticas del evangelio de san Mateo, el autor
utiliza el nacimiento como una metáfora para describir los
acontecimientos que la gente de nuestro tiempo espera ver:
«Habrá
hambrunas y terremotos en diversas partes. Pero todo esto no es más que
el comienzo de los dolores del parto»
(Mt.
24,7-8).'
Durante el
último cuarto del siglo XX, los científicos documentaron unos hechos
únicos que parece que no se puedan comparar con nada. Desde las regiones
más profundas de la Tierra hasta los límites de nuestro universo
conocido, hay instrumentos que graban acontecimientos que sobrepasan en
fuerza y duración las anteriores mediciones, a veces por muchos órdenes
de magnitud. En otoño de 1997, empezaron a correr por la World Wide Web,
revistas y otros medios, informes sobre cambios catastróficos en la
Tierra y en la sociedad.
Los
artículos describían una variedad de acontecimientos que iban desde los
mega terremotos, aumento en el nivel del mar y colisiones cercanas con
asteroides, hasta poderosos nuevos virus y la ruptura de la frágil paz
de Oriente Próximo, todos ellos con el potencial de causar estragos y
destrucción. Muchos de los artículos describen fenómenos que concuerdan
con las predicciones visionarias de hace miles de años para esta época
de la historia. Tanto las profecías modernas como las antiguas sugieren
que los acontecimientos de 1997 marcaron el comienzo de un extraño
período en el que se esperan cambios espectaculares.
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